El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva diseñada para adelantarse a las regulaciones estatales sobre inteligencia artificial (IA), con el objetivo de establecer un marco nacional unificado para la industria tecnológica. La medida se produce tras una repetida inacción del Congreso sobre la legislación federal sobre IA, lo que deja un panorama fragmentado en el que los estados intervienen cada vez más para gobernar este campo en rápida evolución.
La orden afirma que las leyes estatales crean un mosaico inconsistente que obstaculiza la innovación, citando ejemplos como los requisitos de Colorado para que los modelos de IA aborden el “sesgo ideológico”. La administración argumenta que tales mandatos corren el riesgo de socavar la precisión y afectar injustamente a los grupos protegidos. La orden ejecutiva también sugiere que algunas regulaciones estatales se extralimitan, violando cláusulas de comercio interestatal reservadas a la supervisión federal.
Disposiciones clave y cronograma:
- Grupo de trabajo de litigios de IA: Dentro de 30 días, se formará un grupo de trabajo para desafiar las leyes estatales consideradas obstructivas.
- Revisión constitucional: El secretario de Comercio, Howard Lutnick, tiene 90 días para informar sobre las leyes estatales que violan la Primera Enmienda u otros principios constitucionales.
- Apalancamiento de financiamiento: La administración puede retener fondos para el desarrollo de banda ancha de los estados que se resisten al marco federal.
- Amplio alcance: La orden promete proteger a los niños, prevenir la censura, respetar los derechos de autor y salvaguardar a las comunidades, aunque los mecanismos de aplicación específicos aún no están claros.
La acción se basa en el Plan de Acción de IA anterior del presidente, que relajó las regulaciones para acelerar el crecimiento de la industria. Quienes lo apoyan, como Gary Shapiro, de la Consumer Technology Association, argumentan que los estándares nacionales son esenciales para la competitividad de Estados Unidos frente a China, que busca agresivamente el dominio de la IA. Shapiro afirma que un enfoque unificado proporcionará el “respiro” necesario para la innovación, especialmente para las pequeñas empresas y las nuevas empresas.
Sin embargo, la orden enfrenta desafíos legales inmediatos. El congresista Ted Lieu de California ya lo ha calificado de inconstitucional, citando la necesidad de una acción del Congreso en lugar de una extralimitación del ejecutivo. Los críticos, incluido Michael Kleinman del Future of Life Institute, condenan la medida como un “regalo para los oligarcas de Silicon Valley”, que permite un poder corporativo sin control en un sector con inmensas implicaciones sociales.
Reacciones del Estado y la industria:
La decisión se produce después de que 35 estados y D.C. instaran al Congreso a no bloquear las leyes estatales sobre IA, advirtiendo sobre “consecuencias desastrosas”. A pesar de esto, empresas como Google, Meta, OpenAI y Andreessen Horowitz han presionado para que se adopten normas nacionales que eviten costosos litigios entre jurisdicciones. Travis Hall, del Centro para la Democracia y la Tecnología, sostiene que los estados deben conservar el derecho a proteger a los ciudadanos de los daños de la IA, un poder que, según él, recae en el Congreso, no en el poder ejecutivo.
La Casa Blanca aún no se ha pronunciado al respecto. La eficacia de la orden ejecutiva sigue siendo incierta, pero indica una clara intención de centralizar la regulación de la IA bajo la autoridad federal, lo que podría preparar el escenario para una batalla legal prolongada entre los estados y la administración.
Esta última medida subraya una tensión creciente entre la ambición federal y la autonomía estatal frente al rápido desarrollo de la tecnología. Si no se toman más medidas por parte del Congreso, el futuro de la gobernanza de la IA en Estados Unidos probablemente estará determinado por impugnaciones judiciales y maniobras ejecutivas.






























