El giro de la Corte Suprema hacia las batallas culturales: una tendencia creciente

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La Corte Suprema de Estados Unidos está atravesando una transformación significativa, centrándose cada vez más en cuestiones culturales y políticas divisivas a un ritmo nunca visto en la historia reciente. Este cambio no es accidental; está impulsado por una confluencia de factores, incluidas las propias inclinaciones ideológicas de los jueces, los litigios estratégicos de grupos conservadores y la necesidad de aclarar precedentes legales cada vez más complejos establecidos por la mayoría actual.

De organismo tecnocrático a ámbito cultural

Durante décadas, la Corte Suprema funcionó en gran medida como una institución bastante tecnocrática, manejando cuestiones legales complejas con cierto desapego de los debates culturales más acalorados. Casos emblemáticos como Brown v. Board of Education y Roe v. Wade existieron, pero fueron excepciones y no la regla. Hoy, sin embargo, esa dinámica ha cambiado dramáticamente.

Sólo en su próximo mandato 2024-25, la Corte está preparada para pronunciarse sobre casos con implicaciones culturales de gran alcance: potencialmente eliminar las protecciones restantes de la Ley de Derecho al Voto, legitimar la “terapia de conversión” en todo el país y permitir que los estados prohíban a los atletas transgénero participar en deportes escolares. La Corte también revisará el poder ejecutivo, el derecho a portar armas, la ciudadanía e incluso la legalidad de los aranceles del expresidente Trump.

Los números no mienten: un aumento en los casos culturales

El cambio es cuantificable. Durante la administración Obama, la Corte escuchó aproximadamente 1,5 casos por mandato que abordaban directamente temas candentes como la religión, las armas, los derechos LGBTQ y el aborto. Por el contrario, desde 2021, con una mayoría conservadora de 6-3, esa cifra se ha más que duplicado a 3,6 casos por mandato.

El volumen general de casos de la Corte ha disminuido desde la década de 1980, lo que significa que estos casos con carga cultural ahora constituyen una proporción desproporcionadamente mayor del trabajo de la Corte. En su mandato 2024-25, la Corte decidirá solo 62 casos con informes completos y argumentos orales, pero una parte importante de ellos abordará temas altamente polarizados.

Por qué esto es importante: litigio estratégico y alineación ideológica

Varios factores explican esta tendencia. En primer lugar, los abogados conservadores y los grupos de defensa están presentando estratégicamente demandas diseñadas para remodelar el panorama legal de acuerdo con su agenda. En segundo lugar, la mayoría derechista de la Corte está más inclinada a escuchar estos casos y fallar de manera que avancen sus objetivos políticos. En tercer lugar, las decisiones recientes de la Corte han creado nuevas ambigüedades jurídicas que requieren aclaración, a menudo a través de casos adicionales con carga cultural.

La Corte está desmantelando efectivamente décadas de precedentes legales progresistas, desde la abolición del derecho al aborto hasta la prohibición de la acción afirmativa y la ampliación de su propio poder sobre el poder ejecutivo. No se trata sólo de doctrina jurídica; se trata de remodelar la sociedad estadounidense de una manera que refleje los valores del movimiento conservador.

El papel de la claridad y la destreza judicial

La obsesión de la Corte por las guerras culturales también surge de sus propias deficiencias. Los jueces actuales son menos hábiles a la hora de elaborar normas jurídicas claras y coherentes, lo que genera confusión entre los tribunales inferiores y la necesidad de aclaraciones constantes. La decisión Bruen sobre los derechos de la Segunda Enmienda es un excelente ejemplo: su ambigüedad ha provocado críticas generalizadas por parte de jueces de todo el espectro político.

Este ciclo de fallos poco claros y litigios posteriores afianza aún más a la Corte en batallas culturales, ya que se ve obligada a revisar y perfeccionar sus propias decisiones controvertidas.

Conclusión

El creciente enfoque de la Corte Suprema en la política cultural es una tendencia deliberada y en aceleración. Impulsado por el alineamiento ideológico, los litigios estratégicos y la propia dinámica interna de la Corte, este cambio continuará remodelando el derecho y la sociedad estadounidenses en los años venideros. La Corte ya no es un árbitro neutral sino un participante activo en los conflictos culturales más divisivos del país.