Las sardinas están teniendo un momento. El pescado enlatado, que alguna vez se pasó por alto y es económico, ahora domina las redes sociales, promocionado por personas influyentes como un truco para el cuidado de la piel, una fuente inagotable de proteínas y un componente clave en la última tendencia “-maxxing”. Esta no es sólo otra moda viral por la comida; es un reflejo de presiones económicas más amplias y de una generación que prioriza la autooptimización en una era de incertidumbre financiera.
El auge del pez plateado
Para muchos, las sardinas no eran un alimento básico de elección, sino de necesidad. Como recuerda la influencer Ally Renee, eran “lo más barato que podía permitirme en Los Ángeles”. Ahora, esa misma asequibilidad se está reenvasando como un beneficio. Una sola lata proporciona 28 gramos de proteína, comparable a las costosas barras de proteína, y cuenta con altos niveles de ácidos grasos Omega-3, nutrientes muy promocionados en el ámbito del bienestar. Esto ha impulsado la tendencia de “looksmaxxing”, “skinmaxxing” y otras formas de superación personal impulsadas por Internet en las que las sardinas se consideran una inversión de bajo costo y alta recompensa.
¿Por qué ahora? La asequibilidad se une a las aspiraciones
El aumento de sardinas no es aleatorio. La pandemia obligó a muchos a reevaluar sus presupuestos y adoptar comidas creativas en casa. Esto llevó al surgimiento de las “cenas de niñas”, esencialmente almuerzos deconstruidos, y platos de refrigerios, que priorizan la asequibilidad y la presentación estética. Las sardinas encajan perfectamente en este modelo y ofrecen una adición económica pero visualmente atractiva a estos platos curados.
La tendencia también se alinea con un patrón más amplio: la habilidad de la Generación Z para convertir los artículos más baratos en símbolos de estatus. Si una lata de sardinas de 2 dólares puede posicionarse como el secreto de bienestar definitivo, ¿por qué no iba a tener éxito?
Más allá de la tendencia: un cambio más profundo
La obsesión actual por las sardinas no se trata sólo de sabor o nutrición. Se trata de maximizar el valor en un mundo donde la estabilidad financiera parece cada vez más fuera de alcance. Como señala la periodista de cultura alimentaria Kim Severson, “la asequibilidad es una gran parte de ello”. Las sardinas representan una forma de comer bien y superarse sin gastar mucho dinero.
Este cambio de las sardinas como último recurso a una opción de estilo de vida subraya un punto crítico: cuando las oportunidades económicas son limitadas, la superación personal se convierte en una inversión primaria. La humilde sardina, que alguna vez fue un símbolo de dificultades, es ahora una herramienta para vivir con aspiraciones y con un presupuesto limitado.
En última instancia, la moda de la sardina tiene menos que ver con el pescado en sí y más con lo que representa: una generación que se adapta a las realidades económicas convirtiendo la necesidad en una tendencia.





























