El contenido generado por IA erosiona la autenticidad en las redes sociales

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Las plataformas de redes sociales, alguna vez concebidas como herramientas para la conexión, están cada vez más dominadas por contenido artificial, lo que hace que los usuarios se sientan aislados y desconectados de la realidad. La rápida proliferación de videos, imágenes y deepfakes generados por IA está cambiando fundamentalmente la experiencia en línea, generando preocupaciones sobre la confianza, la autenticidad y el futuro de la interacción humana.

El auge de la “baja de la IA”

La aparición de herramientas de inteligencia artificial generativa como Sora de OpenAI, Veo de Google y Midjourney ha hecho que sea trivialmente fácil crear contenido convincentemente realista pero completamente fabricado. Este fenómeno, denominado “baja de IA”, se refiere a la abrumadora afluencia de material generado digitalmente de baja calidad, a menudo sin sentido, que inunda las redes sociales. Desde animales que exhiben comportamientos humanos hasta bromas imposibles, estos videos están diseñados para sorprender, entretener o engañar.

Los deepfakes exacerban aún más el problema, al permitir la creación de representaciones realistas pero falsas de figuras públicas. No se trata simplemente de entretenimiento; se trata de erosionar la confianza en los medios visuales y hacer que sea cada vez más difícil distinguir la realidad de la ficción.

Esto es importante porque la base misma de las redes sociales (la experiencia compartida) está colapsando bajo el peso de la artificialidad. El flujo interminable de contenido sintético es agotador y cada vez es más difícil para los usuarios discernir lo que es real.

El negocio de la artificialidad

Las empresas de tecnología están incentivadas a impulsar las capacidades de IA, incluso a expensas de la experiencia del usuario. Como señala Alexios Mantzarlis, director de la Iniciativa de Seguridad, Confianza y Protección de Cornell Tech, estas plataformas están priorizando el crecimiento del precio de las acciones sobre la conexión genuina.

El enfoque en la participación impulsada por la IA es particularmente evidente en plataformas como TikTok, donde los algoritmos priorizan el contenido adictivo sobre las interacciones significativas. Si bien los usuarios pueden disfrutar de la exposición a nuevos temas, el resultado suele ser una sensación de desconexión de las relaciones del mundo real.

Este cambio no es accidental. Las empresas tecnológicas están aprovechando la IA para maximizar la atención del usuario, incluso si eso significa sacrificar la autenticidad.

La erosión de la autenticidad

Antes de la IA, las redes sociales ya luchaban con estándares poco realistas y personas seleccionadas. Ahora, el problema se ve agravado por la capacidad de generar realidades enteramente artificiales. Los usuarios no sólo se comparan con ideales inalcanzables, sino que también cuestionan la validez de todo lo que ven en línea.

“Antes teníamos el problema de las expectativas corporales poco realistas”, dijo Mantzarlis. “Y ahora nos enfrentamos a un mundo de expectativas corporales irreales”.

La desconfianza en el contenido generado por IA ya es alta. Un estudio de Raptive encontró que casi la mitad de los encuestados desconfiaban instintivamente del contenido que sospechaban que estaba generado por IA, y el 60% informó una conexión emocional más débil.

El camino a seguir: regulación y control del usuario

Las empresas de redes sociales están comenzando a implementar medidas como etiquetar el contenido generado por IA y prohibir los deepfakes dañinos. TikTok, por ejemplo, está probando controles que permitan a los usuarios limitar su exposición al material generado por IA.

Sin embargo, en ausencia de una regulación gubernamental sólida, que actualmente está estancada debido al estancamiento político y al lobby de la industria, la carga de hacer cumplir sus propias políticas recae en las plataformas.

La pregunta crítica es si estos esfuerzos serán suficientes. El rápido ritmo del desarrollo de la IA sugiere que la regulación tendrá dificultades para mantenerse al día.

En última instancia, el futuro de las redes sociales depende de la capacidad de restaurar la confianza y la autenticidad. Si las plataformas no logran abordar la erosión de la realidad, corren el riesgo de volverse irrelevantes a medida que los usuarios se retiran de un mundo donde nada se puede tomar al pie de la letra.